viernes, 17 de marzo de 2017

Relato Part1: Ekian

   
     He pensado que poner solo reseñas de libros en este blog iba a ser un tanto aburrido por lo que se me ha ocurrido poner algunas páginas del libro que estoy escribiendo ahora mismo. No se si os gustará pero me hace ilusión compartir con vosotros un poco de la historia que estoy llevando a cabo.




Primer capítulo - Ekian
Ekian entró en la Taberna de Inuá y tras saludar al joven de la barra se sentó en la mesa junto a la ventana central. El local estaba vacío y se respiraba un ambiente limpio y sin ruidos, extraño en un lugar como aquel pero placentero para un viajero que llevaba dos semanas sin visitar ciudad alguna y durmiendo al raso. Se quitó la pesada capa de lana y la dejó colgando en el respaldo de la silla, con los bajos de la prenda tocando el desgastado suelo de madera y junto con su viejo fardo de piel de conejo. Mirando a través de los cristales de Meridia contempló a la multitud que se apiñaba en la calle. Era el motivo por el cual estaba en Halian, la expulsión de una joven de la ciudad.
El tabernero le llevó una jarra de cerveza sin preguntar lo que quería y volvió a la barra para seguir limpiando. Ekian lo miró, tenía la misma edad que él y se preguntó porqué no estaba también presenciado la expulsión como todo el mundo. Quizás era amigo de la joven o no estaba a favor de aquella ley. No parecía agitado por el alboroto de fuera. Ekian cogió la jarra entre sus manos y le dio un largo trago. El líquido ambarino bajó por su garganta como un bálsamo avivando su cansado cuerpo. Al ir a dar el segundo trago se quedó mirando la espuma pensativo. No era la primeva vez que visitaba aquella ciudad pero si que hacía más de cinco años que no la pisaba. Sino no hubiera sido por un comentario casual escuchado mientras caminaba por la ciudad de Tale a un lugareño, no estaría allí. Valía la pena investigar si el vaticinio de su maestro Pausanias, antes de morir, se refería a aquel echo como el inicio del final del equilibro entre los mágicos y humanos, o era una mera coincidencia de fechas y hechos.
- ¡Se acercan!- dijo un hombre en la calle. Ekian el dio otro largo sorbo a la pinta y contempló la calle expectante. Entre la multitud pudo vislumbra el paso de una joven seguida por cuatro guardias ataviados con el uniforme de gala de la guardia real. ¿ Para qué tanta ostentación? No era habitual que el rey Togan mandase a guardias de palacio para expulsar a una ciudadana. Aquello debía de esconder algo más. La chica de cabellos largos y trenzados tenía el pelo tan rubio que llamaba la atención. Tenía la cabeza bien alta pero su mirada parecía estar en otro lado. Desde su posición no pudo distinguir bien sus rasgos faciales pero sí que vio que sus prendas eran la toga verde de la Academia gremial de curanderos ¡ Una alumna de la Academia! Aquello sí que no se lo esperaba.
Un ruido del interior del local llamó la atención de Ekian y apartó la vista de la ventana par mirar hacia la entrada de la taberna. Un hombre apareció en la puerta y caminó hasta la barra. Vestía con ropas sencillas, camisa blanca desgastada, chaleco de cuero marrón y unos pantalones oscuros hasta las rodillas seguidos por unas botas altas y marrones. Tenía la cara curtida por el sol y una barba castaña bastante poblada de hebras blancas al igual que su rizada cabellera que la tenía recogida en una coleta baja y pegada al cuello. Era un hombre fuerte, musculoso, propio de la horda especial de la guardia real. Ekian lo reconoció al instante. El hombre lo miró y tras hacer un ademán al chico de la barra se acercó hasta donde se encontraba él sentado.
- Hace mucho tiempo que no te veo- dijo con voz gutural- ¿qué te trae por Halian?
- Me venía de paso- Inuá se sentó frente a él mientras le colocaba una jarra de cerveza el joven de la barra.
- Este es mi hijo Jonal. Seguro que te acuerdas de él, jugabais juntos de pequeños en el callejón de la taberna. ¡Pues no os regañaba veces por estar allí!- sonrió
Ekian asintió y miró a Jonal pero volvió a desviar la vista hacia la ventana. No tenía ganas de hablar con nadie, y menos con gente que le recordaba su pasado. Ese era uno de los motivos por los que no iba a Halian desde hacía años. Pero sabía que el tabernero no lo dejaría tranquilo. ¿Y porqué había entrado en su taberna? Las ganas de tomar una cerveza en condiciones había podido más que el temor a encontrarse con Inuá.
- Gardon murió hace dos años. Si quieres ver a tu madre está donde siempre. Se pondrá muy contenta de verte. La pobre lo ha pasado muy mal desde la muerte de tu padre.
Ekian sacó una moneda de su fardo y la tendió sobre la mesa
- Me marcho- se levantó y tras coger su capa y el fadro de marchó del local sin mirar a Inuá.
- ¡ Es un desgraciado!- exclamó Jonal desde la barra a su padre.

- No te equivoques hijo. No disculpo sus modales pero sí el no querer ver a su familia. Era muy joven cuando lo vendieron a un viajante de pociones para sustentar al resto de la familia. Con la nueva ley ahora no lo hubiera podido hacer pero antes eran otros tiempos. Si su madre se entera de que ha estado en la ciudad sin pasar a verlo volverá su depresión. Es mejor que no le contemos nada.
Jonal asintió pero en vez de volver a sus quehaceres contempló la calle y se preguntó si su amigo Dansi había podido salir de la Casa de Sanación para ver como expulsaban a su amiga.