miércoles, 29 de marzo de 2017

Relato Part3: Ekian


- Hola- le dijo a la niña que debía de tener unos ocho o nueve años. La niña levantó la cabeza sin entusiasmo. Ekian vio como tenía los ojos rojos de haber estado llorando.
La niña no le contestó pero lo miró seria y sin temor a que pudiera hacerle algo.
- ¿ Eres Altika?- la niña seguía sin decirle nada pero tampoco se movió del sitio- esto buscando a la mujer que vive en esta casa.
- No está- dijo limpiándose los mocos con la manga de la camisa.- todos se han ido a ver la expulsión de mi amiga.
-¿Eras tu amiga a la que expulsan?- Ekian sintió pena por la niña.
- La gente no la entiende pero yo si. No es justo y mi madre también está de acuerdo pero mis hermanos no lo ven así.
- Hay gente que las cosas que no entiende las temen. Ten- Ekian le ofreció una bolsa de tela oscura- es para que se lo des a tu madre y le digas una cosa de mi parte.
- Gracias- sonrió la niña y entonces Ekian supo que era Tika, no había duda. Aquella sonrisa franca era de su hermana pequeña.
- Dile que el aprendiz de Pausanias ha pasado por aquí y que debería de aprovechar las monedas para poner una puerta. Y dile que espero volver a verla, pero ahora tengo que marcharme lejos de nuevo.
Ekian se alejó de la casa apesadumbrado. ¿Porqué le había dado la bolsa de monedas? Tenía un par más de reserva en el calcetín pero los lyn ganados gracias a las hierbas encontradas durante sus viajes le habrían ayudado a dormir y comer caliente durante unos cuantos días, y  aún así le había dado sus monedas a una familia que lo había despreciado. Salió corriendo en cuanto cruzó la esquina de la calle, farfullando un improperio de insultos para él mismo, pero no escuchó como Tika gritaba su nombre sorprendida porque se había dado cuenta de quien se trataba el chico. Fue corriendo en su busca pero cuando giró la esquina Ekian había desaparecido y decidió volver a su casa para esperar a madre y contarle lo sucedido.
     Halian era una prospera ciudad situada en la desembocadura del río Aral. Gracias a su enclave, la ciudad gozaba de una zona privilegiada para el cultivo de arroz flotante, y por eso motivo era visitada cientos de comerciantes de todas las ciudades de los territorios del rey Togan. Sufrir varias guerras no la habían debilitado y se alzaba orgullosa y protegida por sus famosas murallas: la interior llamada Equira y Alpina la exterior. Equira se había edificado para proteger a la ciudad contra las incursiones de los ultinos hacía más de doscientos años. Como la villa había seguido creciendo pese a las adversidades las casas que fueron construyendo a las afueras de la muralla, por falta de espacio dentro, se quedaron desprotegidas y decidieron hacer a Alpina mucho más imponente con un gran foso para tratar de ahuyentar a los posibles invasores. Pero desde la construcción de la segunda muralla la ciudad no había vuelto a ser asedada. Halian tenía en su centro  una Plaza Mayor, donde se encontraba el mayor pino longevo conocido de todo el reino, y se extendía en cuatro grandes avenidas hasta el final de la segunda muralla y pasando bajo un arco creados después de la muralla Equina, llamados los arcos cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste. Vista desde arriba Halian parecía un laberinto de calles sin sentido porque los habitantes habían construido sus casas a capricho, pero los halianos estaban contentos con su resultado.
     El mayor responsable de la ciudad frente al Rey era el procurador Zaki, sobrino político del monarca, que velaba por las gentes de Halian,ya que el rey no residía en dicha ciudad. Vivía en un palacete junto con su esposa y sus dos hijos pequeños.
     La mayor afluencia de gente dentro de la ciudad era a principios de primavera, durante la feria anual, dicho acontecimiento gozaba de privilegios concedidos por el Rey Togan, que especificaba los días exactos en que podía celebrarse. Velar por la seguridad de los comerciantes era vital para que la ciudad siguiera prosperando así que la Guardia del procurador se dispersaba, junto con otros Guardias reales durante esos días. Las posadas estaba a reventar y los puestos callejeros de comida ambulante se llenaban los bolsillos para todo el año, pese a pagar impuestos como los demás. Los clanes del norte bajaban también desde sus tierras por el paso de Turak-Nak para intercambiar las pieles de sus rebaños de ovejas castañas, y el queso de las mismas, muy apreciado en Halian por llevar especias que sólo creían en el norte.
     La moneda utilizada era el lyn pero también se usaba el trueque en algunos puestos dado que los clanes del norte no poseía moneda propia.. Un lyn era una moneda de plata, cinco psin equivalían a un lyn y era de hierro y una bhik era una moneda de oro que eran veinte lyns. Un tanto por cierto de los comerciantes debía de ser entregado al rey,que vivía en la gran ciudad de Aleka, en el centro del reino, y que era algo más grande que Halian.
Ekian caminó con paso rápido y llegó hasta donde aún la gente seguía apiñada después de que terminara la expulsión. Charlaban entre ellos de lo ocurrido y parecían no querer moverse del sitio. Mirando hacia el árbol que había en la plaza central se tropezó con una mujer pero en vez de disculparse siguió su camino esta vez corriendo. Tenía que seguir a la Guardia y a la joven que la conducirían un buen rato hasta que la dejaran abandonada en el camino para que se buscar la vida. Pero podían tomar dos caminos e Ekian ignoraba qué dirección elegirían, así que debía de darse prisa para ver hacia donde iban y abordar a la muchacha para poder hablar con ella. Su maestro Pausanias le había encomendado buscar a la joven  y llevarla hacía el norte. Su maestro le había dejado claro que si la joven no quería tendría que secuestrarla.  Y eso era algo que Ekian no había echo en su vida.