miércoles, 5 de abril de 2017

Relato Part5: Taeva

     
Atulo la esperaba en el Muelle de los Pesares así que cogió la calle central del Este y caminó sobre el adoquinado suelo aún húmedo por una noche fría. La luz del sol comenzó a salir y sus primeros rayos de luz comenzaron a iluminar los pasos de Taeva. Cuando pasó por la Playa Mayor los comerciantes ya preparaban sus paradas para la venta de sus mercancías e intercambios con los viajeros de otros pueblos. Hacía frío pero Taeva estaba bien abrigada con la capa  que luego se quitaría cuando el sol comenzase a picar. El sonido de las campanas gemelas de la Academia hizo que comenzara a correr agarrando su fardo y apretándolo contra su cadera derecha. Su hermano estaba acostumbrado a que ella llegar tarde cuando quedaban, pero le había advertido que si llegaba más de cinco minutos de retraso zarparían, estuviera ella o no. El trabajo era muy importante y si se retrasaban demasiado otro barco cogería su lugar de pesca. Así que cuando llegó Taeva jadeando hasta el Muelle Atulo suspiró aliviado y le dio unas palmaditas en el hombro como señal de alegría.
     Ambos hermanos embarcaron y Atulo soltó amarras para salir del puerto. El barco pertenecía a Akon, hermano de la mujer de Atulo, y con él iba su hija mayor Karala. Taeva los conocía pero no había tenido mucho trato con ellos, les saludó con la mano y se puso en un costado del barco por indicación de su hermano. Como era la primera vez que montaba en barco se sorprendió al notar los movimientos tan exagerados de la embarcación mientras maniobraba para salir del puerto.En unos movimientos bruscos del barco a Taeva le sobrevino un repentino malestar en el estómago y se acercó hasta el borde para echar todo el desayuno en las aguas del río Aral. Cuando se hubo incorporado escuchó las risas de los demás y se puso colorada.
- Tae, pues sí que has tardado poco en echarlo todo, pero no te preocupes- exclamó su hermano acercándose a ella- a todos nos ha pasado alguna vez. No hagas caso de sus risas- Atulo se sentó junto a Taeva y comenzó a remar con los demás.

    Taeva miró como se internaban en las aguas oscuras del río Aral. El nacimiento del río se encontraba en las cordilleras Turak-Nak, frontera con las tierras del norte y donde vivían los clanes, likianos, ibolkian y los míticos turenos. Taeva vio como el barco producía suaves ondas en la superficie del río y bajó la mano para tocarlas pero no llegó y no quería inclinarse demasiado por temor a caerse. Sabía nadar porque su hermano le había enseñado cuando era pequeña pero de eso hacía mucho tiempo y no tenía ganas de comprobar si aún recordaba como mantenerse a flote. El sol ya había salido del todo por el horizonte pero la bruma del río era bastante densa y aún no se había dispersado los suficiente como para ver con claridad otros barcos, por ese motivo iban despacio. No querían provocar un accidente con otra embarcación.
  Después de remara durante quince minutos Akon decidió que ese era un buen lugar para empezar silbó con suavidad y el resto dejaron de remar, levantaron sus remos para guardarlos dentro de la embarcación. Taeva vio como Akon, Karala y Atulo cogieron entre los tres la red de arrastre echaron al agua por el lado de estribor. No les preguntó si querían que les ayudase porque sabía que sería mas un estorbo que una ayuda. Su hermano ya le diría cuando tenía que ayudar. Lo habían hablando el día de antes. La bruma se estaba levantando muy deprisa. Taeva miró a su espalda y vio el conglomerado de casas blancas que formaban la ciudad de Halian en la zona del puerto. Se podía ver un plantel de hombres y mujeres con sus tareas matutinas. En la pequeña dársena entró una embarcación, que por los dibujos en la madera, unos cormoranes, se sabía que venía de la ciudad de Kalan, que se encontraba unos kilómetros más arriba del río. Supuso que llevarían mercancías para el mercado de la Plaza Mayor. Volvió la vista al frente y se concentró en el trabajo de su hermano.