martes, 18 de abril de 2017

Relato Part7: Taeva

   
Cuando llegaron la primera que dio un salto para atar amarras fue Karala. Cogió la cuerda que le tiró Akon y la ató con fuerza al amarradero de hierro. Después descendió a Taeva empapada hasta los zapatos.
- No, ya voy yo sola a casa. Estoy bien. - sabía que su hermano quería acompañarla pero no hacía falta. 
- Te acompaño yo a casa, ellos siguen- dijo Atulo tajante.
- Ni hablar, o me enfadaré.- Atulo era muy protector y Taeva sabía que se sentía culpable por lo que había pasado.
- Déjala Atulo- exclamó Karala desde la barca- está bien. - Atulo miró a su hermana preocupado pero sabía que aún tenía bastante trabajo antes de poder terminar la jornada de aquel día. Tampoco estaba tranquilo si dejaba sola a Taeva.
- Tranquilo, no pasa nada. Ahora no hace frío y estoy bien
. De acuerdo- no parecía muy convencido.

    Taeva dio un beso a su hermano en la mejilla y se marchó calle arriba. No tenía frío pero sí la sensación de vergüenza de haber sido una patosa entre los pescadores.
  A mitad del camino se encontró con Fercan, el herrero, que le preguntó donde diantres se había metido y la hizo pasar a la herrería pese a las protestas de Tae por no querer molestar.
  La familia de Fercan era la más respetada de toda Halian porque era capaces de manipular el hierro hasta convertirlo en buenas armas, herramientas y otros objetos. Eso requería muchos conocimientos que eran traspasados de padres a hijos y esa era una de las pocas profesiones que  no pasaban por la Academia.
  No era la primera vez que Taeva entraba en aquella estancia pero sí la primera que lo hacía calada hasta los huesos. Nada más entrar en la fragua un agradable calor recorrió todo su cuerpo provocando un repentino escalofrío. El fuego de la chimenea alta crepitaba sin descanso alimentada por leños medio calcinados. Apoyada en la pared de piedra de la chimenea descansaban largas tenazas, martillos y escobillas. Al lado derecho del fuego un gran fuelle de piel era utilizado para avivar las llamas cuando era necesario. Varios montones de leños se apilaban sin orden por toda la estancia dando al lugar un cierto aire de desorden. En una pileta de piedra llena de agua se hundían otros instrumentos que Taeva ni conocía nombre. Un gran perro descansaba cerca del fuego y el hijo de Fercan, Dansi estaba junto al yunque que era sostenido por un gran tronco de madera pulida.
- ¡Hola Tae! ¿Qué te ha pasado?
- Me caí de la barca de Maruto- dijo algo avergonzada. Coocía a Dansi desde hacia muchos años y sabía que no era una persona dada a las burlas, a veces demasiado seria para su edad, pero a Taeva eso no le molestaba. De echo parecía una persona mayor, con sus responsabilidades y sus preocupaciones. Antaño habían correteado por las calles de Halian junto a otro amigo, los tres eran inseparables desde críos pero a los 15 años las cosas se truncaron y los amigos se separaron. Dansi había empezado a tomarse en serio la responsabilidad de ser el siguiente herrero de la ciudad y Taeva comenzó a estudiar para que la aceptaran en la Academia de curanderos.
     Fercan le acercó una banqueta y la hizo sentarse.
- ¿Y qué hacías con Maruto? Hoy es día de faenar- Dansi estaba intrigado.
    Taeva les contó su día libre y la insistencia de su hermano por ir con ellos un día en la barca. Les contó la caída en la barca pero no les dijo nada del ataque del marlok.
    La risa ronca de Fercan sonó por toda la herrería, se acercó hasta el colgador de la pared. Cogió una de las capas de su hijo y se la puso en los hombros a Tae. Ésta no agradeció el contacto de la capa sobre sus prendas mojadas porque se le pegaron aún más sobre la piel, pero sí la sensación de protección que le brindaba la familia y el calor del hogar.
- Acompaña a Taeva a su casa- le dijo Fercan a su hijo
- Por supuesto
- No hace falta Dansi, ya puedo ir yo sola- Taeva se levantó.
- Ni una palabra más- dijo tajante Fercan.
- Gracias Fercan- dijo resignada. Sabía que era inútil seguir insistiendo.
     Caminaron hacia la casa de Tae sin hablar, hacía mucho que no se decían mas que un hola y un adiós y aquella situación les resultó un tanto incómoda. Cuando llegaron hasta la casa de Maruto Tae le devolvió la capa y le agradeció que la acompañara. 
- Ya sabes como es mi padre, no me quedaba otro remedio- en cuanto salieron esas palabras de su boca Dansi supo que había metido la pata.
- Ya veo Dan,- Tae cambió su semblante de seria a enfadada- pero gracias de todos modos.
- No quería decir eso, Tae- pero su amiga ya había cerrado la puerta de un portazo.
     Dan levantó los hombros suspirando y volvió a la herrería.