lunes, 8 de mayo de 2017

Relato Part9: Taeva

 
Tae se marchó a paso acelerado hacia el comedor y después de dejar los restos de la comida en los platos sucios, cogió sus libros y se dirigió hasta la biblioteca y entró, aún con el corazón a cien por hora, en la sala se estudio donde encontró a un solo estudiante sentado leyendo un gran volumen mientras tomaba apuntes.  Era su lugar predilecto para estudiar, al igual que el de otros tantos estudiantes, Arien y ella se pasaban las tardes enfrascadas entre los volúmenes que allí habían y disfrutaban hojeando también cosas que no tenían nada que ver con lo que estudiaban. Había conocido a Arien hacía pocos meses pero enseguida habían congeniado. Su amiga, que provenía de una familia de comerciantes acaudalos siempre había tenido claro el querer estudiar para ser una buena curandera y sus padres encantados de que no siguieran los pasos de ellos, cosa rara entre comerciantes, pero decían que sus primos ya estaban allí para ayudar en la familia y preferían que ella hiciera para lo que estuviera dotada. Arien tenía un instinto nato para ayudar a las personas, si alguien torpezaba en la calle delante de ella o incluso se hacía daño iba corriendo para socorrerlo, no le pasaba lo mismo a Tae, pese a venir de de una madre curandera tardaba en reaccionar. A veces se preguntaba si no estaba echa para ser curandera y sí tenía otros dones que no había explotado y por tanto no tenía ni idea de que existieran. Su examen de Decisión había sido claro y tenía aptitudes para ser curandera y todo el mundo daba por echo de que lo sería, pero ella no estaba del todo de acuerdo, pero mientras no encontrar su camino más valía seguir estudiando, aunque fuera para curandera, ya que ninguno de los otros gremios le atraían.
    Por lo general la biblioteca se llenaba de gente por la tarde pero ahora, al mediodía estaban todos comiendo y con otras clases. No sabía exactamente lo que estaba buscando. Se dirigió al apartado de historia y buscó entre los lomos de los volúmenes los títulos escritos en los tejuelos por si algo que le llamara la atención. Llevaba más de un minuto pasando el dedo por los lomos cuando leyó “Historia de los Reinos Akhatiros, clanes mágicos”. Era la primera vez que la palabra magia estaba escrita en un libro. La magia estaba prohibida en los reinos conocido y si alguien la practicaba era sentenciado a muerte. Incluso la mera mención de la palabra magia estaba mal visto. Y aún así el libro estaba en un lugar a la vista de todos y no parecía  que infringiera alguna ley si leía sobre el tema. Cogió el libro y miró a su espalda. No había nadie más que el chico que seguía ensimismado con su lectura y ni se había percatado de que ella estaba allí. Ni siquiera estaba la mujer encargada de la biblioteca porque también se había marchado a comer. Pensó en esperar a que volviera pero no quería que supiera que había cogido ese tomo así que, y por primera vez en su vida, cogió el volumen y lo metió entre los otros dos libros que llevaba en el brazo. Salió de allí sin mirar atrás con el corazón acelerado y sin prestar atención a la persona que venía del otro lado, con la que chocó y le tiró todo por el suelo.
- ¡Tae!- exclamó su padre - ¿Pero que…?
- Lo siento padre- se agachó para recoger todo el alboroto de papeles antes de que su padre se agachara y viera el libro que había cogido de la biblioteca.
- ¿Estás bien?- Maruto encontró a su hija muy exaltada.
- si , si, es que llego tarde a la Casa de los Sanadores.
- Tengo que hablar contigo- empezó a decir su padre.
- Ahora no puedo- dijo mientras le daba una carpeta con hojas que se le habían caído a su padre con su tropiezo.
- Cuando lleguemos a casa.
- De acuerdo.
     Maruto vio como su hija corría pasillo arriba y torcía por la esquina para dirigirse a la entrada. Tenía algo muy importante que contarle pero podía esperar a la noche, cuando estuvieran los dos tranquilos en casa.
     Resonaron las campanas de la Academia cuando salió corriendo calle arriba. Tardó diez minutos en atravesar varias avenidas y sortear a varios transeúntes. El gentío estaba muy alterado porque en unos días se celebraría la feria anual de primavera y vendrían un motón de comerciantes de otras tierras, al igual que algunos clanes del norte. Se respiraba un ambiente de excitación, siempre pasaba. Se topó con Dansi, el hijo del herrero, cuando éste salía por una de las paradas del mercado y ella se cayó al suelo con el trasero.
- ¿Estás bien?- le dijo Dansi dándole la mano para ayudarla a levantarse. Taeva dolorida le cogió de la mano .
- Lo siento, corría muy deprisa, llego tarde a la Casa de los Sanadores- lo que no se dio cuenta es que Dansi le metió una cosa dentro de su bolsillo cuando la estaba ayudando a levantarse. Tae se despidió de él disculpándose y salió corriendo de nuevo. También era casualidad de que tuviera que tropezarse con Dansi y su padre cuando había echo algo malo.
  Cuando llegó a la Casa de los Sanadores entró por la puerta principal, donde estaba la sala de espera con los pacientes y saludó a Lynette, una anciana sanadora, que se estaba encargando de poner orden en la sala.
- Te están esperando los demás- dijo Lynette sonriendo- llegas tarde.
- Lo se, lo siento- sabía que solo se retrasaba cinco minutos pero la sanadora Mael no le gustaría el retraso. Odiaba la imputabilidad. Entró por la puerta que comunicaba la sala de camas con la de recibir a los pacientes y cogió un mandil blanco que colgaba en una de las perchas del pasillo. Mientras se lo ponía llegó hasta donde estaban los demás alumnos, junto a Arien.

- Llegas tarde- le susurró su amiga. Tae la miro suspirando y miró a la sanadora Mael que mientras seguía hablando miró a Tae con cara de seria. Sabía que al final de la clase recibiría una reprimenda.