lunes, 15 de mayo de 2017

Relato part10: Ekian


Presente...

     Corrió todo lo que pudo hasta la puerta central de Halian y miró para ver hacia donde se dirigían con la expulsada de la ciudad, pero no vio nada. No era posible que hubieran ido muy lejos pero se extrañó de ya no los viera 
- Perdone- le dijo a un hombre que acababa de salir de una casa cercana a la puerta- ¿sabe hacia donde han ido con la expulsada?
- Se marcharon hacia Aleka a caballo.
- ¿Aleka?
- ¿No lo sabías? La expulsada tiene un permiso especial por ser hija de quien es y le quitarán la maldita magia en Aleka- esto último lo dijo con repulsión.
- Pensé que la expulsaban de la ciudad.
- No se expulsa a una persona por tener magia, o se le sentencia a muerte o se le extraen los poderes.
- No lo sabía.- aquello era un gran inconveniente. No había forma de alcanzar al grupo caminando- gracias.
     El hombre asintió con la cabeza y salió calle arriba mientras Ekian lo vio perderse entre la multitud que ya se había comenzado a dispersar.
      Ekian maldijo porque las dos monedas que tenía no bastarían para comprar un caballo y quedaba descartado el alquilarlo porque era forastero y nadie lo conocía, al menos ahora. Si no le hubiera dado la bolsa de monedas a su familia ahora podría haber salido corriendo tras ellos sin el menor problema. No podía permitir que a la joven le fueran arrebatados los poderes, no estaba dispuesto a semejante injusticia y si era la que creía que era y por la que Pausanias lo había mandado buscar tenía que rescatarla. 
   La única opción que tenía era pedirle a Inuá un caballo, era la única persona con la que había hablado aquella mañana y el cual lo había reconocido, aunque dudaba que le ayudara. No pasaba nada por intentarlo pero debía de darse prisa. Volvió sobre sus pasos corriendo y llegó hasta la taberna pero la puerta estaba cerrada. ¿Porqué diantres había cerrado? Menudo momento había escogido. Dio la vuelta al local y se metió en el callejón, para ver si la puerta de atrás estaba abierta, pero tampoco. Sin embargo la puerta del establo que estaba al lado y que pertenecía a Inuá estaba abierta. Entró pensando que se encontraría a alguien pero el lugar estaba desierto. Dos caballos alzaron sus cabezas al escuchar los pasos de Ekian. Uno de ellos era blanco, con motas grises por todo el lomo y el otro era negro parduzco. Ambos movieron las orejas expectantes y nerviosos, parecían con ganas de salir de allí y correr, estaba visto que llevaban bastante allí dentro. 
- ¡Hola! - nadie le contestó y no se lo pensó dos veces. Cogió al caballo blanco y lo ensillo lo más aprisa que pudo temiendo que lo sorprendieran robando pero nadie entró gritando. Lo sacó al callejón y lo montón. Sabía que lo acusarían de ladrón y lo encerrarían durante una buena temporada pero ahora no tenía tiempo para pensarlo, necesitaba alcanzar a la joven y sabía que lo acusarían de traición y lo colgarían así que qué más daba si robaba también un caballo. 
- ¡ Al ladrón!- escuchó una voz a su espalda, se giró para ver de quién se trataba y vio al hijo de Inuá enfadado corriendo tras él. 
- ¡ Lo devolveré!- le gritó Ekian pero ignoraba si lo había escuchado.
     Corrió todo lo que la gente le permitió, intentando no arrollar a nadie y llegó hasta la puerta central. 
     Se alejó de Halian y espoleó a su caballo para que fuera más rápido. No sabía cuanto le llevaban de ventaja pero tendría que cabalgar por la noche para conseguir alcanzarles, e ignoraba si la expulsada y su escolta también cabalgarían por la noche. Sólo esperaba que no fuera demasiado tarde y pudiera alcanzarles.Y si daba con ellos estaba el echo de que tendría que luchar con los dos guardias para arrebatarles a la chica. Por robar y por agredir a dos Guardias Reales ya estaba condenado a la horca, dudaba de que pudiera volver a Halian. No podría volver a su familia y se sorprendió al pensar que no le gustaba la idea, pese al todo el daño que le habían hecho. Agarró las riendas con fuerzas y le gritó al caballo para que fuera aún más rápido.