domingo, 28 de mayo de 2017

Relato Part12 Taeva

     
Llegó muy tarde a casa. El castigo de la sanadora Mael le procuró trabajo en la Casa de los Sanadores durante dos horas adicionales a su clase de observación, y sólo por llegar cinco minutos tarde. Era obvio que no le caía bien, demostrándolo en mas de una ocasión. Anochecía cuando pisó su casa. Sabía que su padre se había encargado de hacer la cena porque un olor a estofado llegó hasta ella nada más entrar. Era la comida caliente del día, dado que el menú del comedor de la Academia siempre consistía en cosas frías. El cuerpo necesitaba algo caliente y era en la cena cuando se lo proporcionaban. Saludó a su padre y subió las escaleras hasta llegar a su cuarto. Tiró los libros sobre su cama suspirando porque después de comer tendría que ponerse a estudiar las plantas para la clase de la profesora en pociones Ailish Se quitó su liviana capa y se desabrochó el corpiño, una prenda inútil pero que debía de llevarse por el decoro. Por ella hubiera ido con la simple camisa por la calle pero Maruto decía que era indecoroso que una muchacha saliera de esa forma. Sólo las fulanas se vestían con la camisa por fuera, con un gran escote y además ajustada.
     Cenaron comentando el día en la Academia. A Taeva no se le ocurrió la idea de contarle que había escuchado la voz de Ailish en su cabeza porque sabía que se lo tomaría a broma, aunque también podría pensar que su hija tenía magia y eso estaba prohibido en los cuatro reinos conocidos de Akhatiros. Tae no era un ser mágico sino un akhatira. Los mágicos eran gente perteneciente a los clanes del norte, más allá de las cordilleras de Turak-Nak mientras que los akhatiros eran las gentes de los cuatro reinos: Reino del rey Togan, Reino del rey Aaron, Reino del rey Tarosha y Reino del rey Pagarón.
- Me gustaría hablar contigo en la sala de estar después de limpiar los platos- dijo Maruto serio.
- Hoy tengo que estudiar mucho. Mañana tenemos un examen de hierbas básicas medicinales. ¿No puede esperar a mañana la conversación?
- Es importante pero puede esperar un día más.- Maruto llevaba todo el día pensando en como afrontaría la conversación pero el verse libre de tener que contarla un día más alivió un poco su carga y sonrió a su hija. En estos momentos era más importante el examen que una historia que llevaba años guardando para si. Por un día más no iba a pasar nada.
     Taeva se marchó a su habitación y abrió su libro de plantas medicinales básicas y comenzó por el abedul, con 60 gramos de hojas y yemas se hierve en 11 de agua durante 10 minutos. Se filtra y se lava las partes afectadas varias veces al día acelerando la cicatrización de heridas y llagas. La acedera iba bien para las picaduras de insectos frotando la zona con unas hojas majadas, el ajo ayuda a mejorar los constipados troceando dos dientes de ajo , dejarlos reposar durante diez minutos y luego meterlos en una taza llena de agua caliente...  y además debía de  comenzar la lectura de introducción a plantas venenosas.
     Cuando llevaba una hora estudiando dejo el libro sobre la mesa y caminó por el cuarto para estirar las piernas. Era su ritual de estudio, una forma de no acabar dormida, junto a un par de tazas de te negro especiado con vainilla. Fue cuando vio sobre su cama el libro que había cogido de la biblioteca de la Academia sin pasar por la mesa de reservas y préstamos: “Historia de Reinos Akhatiros, clanes mágicos”. Decidió sentarse sobre la cama y hojearlo unos minutos, así se despejaría la cabeza de cocciones, aceites, infusiones, maceraciones, zumos, cataplasmas de todas la plantas que tenía pendientes aun.
     Venía explicando la distribución geográfica de los Reinos de Akhatiros y se centraba en la zona norte, más allá de las cordilleras de Turak-Nak. Hablaba sobre los clanes  likianos, ibolkian y turenos. El autor del volumen se llamaba Utriel Gand se dijo que el nombre le sonaba de algo pero ahora no caía. Hojeó por encima el clan likiano y ibolkian pero le llamó la atención el clan tureno porque decían tener los conocimientos mágicos de los Antiguos y eran los más respetados de los tres clanes. Antaño habían estado en guerra entre clanes pero se dieron cuenta de que había un peligro mucho mayor que luchar entre ellos y eran los akhatiros, la gente no mágica,que ansiaban y al mismo tiempo repudiaban sus conocimientos mágicos. El autor aseguraba que los mágicos turenos vivían entre los akhatiros, intentando estudiarnos y al mismo tiempo vigilar nuestros movimientos por si pudieran ser peligrosos para ellos. Le vino a la mente la profesora Ailish y se preguntó si ella era una turena haciéndose pasar por un akhatiro,
     Se detallaba también la historia de los clanes, de la separación entre los mismos y se decía que los akhatiros venían de un ancestro común con los mágicos pero también explicaba que eran habladurías populares. Hojeó durante un rato más y luego decidió guardarlo debajo de la cama. No quería que su padre lo encontrara y sabía que nunca miraría allí por los dolores que tenía de espalda cuando se agachaba. Volvió a centrarse en el libro de las plantas y dio otro sorbo a su te ya frío.
   Despertó horas más tarde, cuando notó que sacudían su hombro. Era Maruto. Lo miró sin comprender qué hacía allí y cuando levantó la cabeza se dio cuenta de que se encontraba sentada frente a su escritorio. Se había quedado dormida estudiando.
- Tranquila- le dijo la voz de su padre- te has quedado dormida en la mesa.
- Padre…- Tae escuchó su propia voz susurrada. Se levantó y se metió en la cama sin desvestirse.
- Duerme- la voz de Maruto sonó en su cabeza como un bálsamo.
Se quedó dormida de inmediato, arropada por la manta de retales que su madre le había echo cuando era pequeña, antes de que desapareciera.
     Un olor a tocino llegó hasta las fosas nasales de Tae. Los bilisis no habían estado picoteando en la azotea y no la habían despertado, en cambio se escuchaba el incesante repiqueteo de la lluvia sobre el tejado. Miró hacia la mesa y vio el libro de plantas abiertas, la taza de te y la vela casi consumida. Salió de la cama y se percató de que aún llevaba el mismo atuendo de ayer. Se cambio de ropa y se lavó la cara con el agua que quedaba del día anterior en la jofaina. Agarró los libros y la taza y bajó las escaleras.
Su padre tenía preparado el desayuno cuando entró en la cocina.
- Buen día padre. Siento haberme dormido- se sentó frente a su padre que había comenzado a darle un bocado a su pan.
- Buen día hija.
- Día lluvioso el de hoy ¡ Que fastidio!- Tae cogió su taza humeante de leche y le dio un sobro con cuidado de no quemarse.
- Es una alegría siempre que llueve. Tu no te acuerdas la época de sequía que tuvimos aquí justo antes de que nacieras. El agua siempre es buena para el campo y la limpieza de las calles. No es un fastidio hija- dijo algo disgustado
- Lo se padre, pero es que es muy molesto tener que ir por la calle así.- se comió su trozo de tocino, su huevo frito, la rebanada de pan untada con mermelada de cerezas y su tazón de leche.
     Taeva recogió los platos, los puso en los lebrillos de barro cocido, cogió la jarra, que estaba llena de agua y la vertió sobre los platos. Con un estropajo untó jabón  y los fregó mientras su padre subía a recoger los cuartos. Diez minutos más tarde estaban ambos en la entrada poniéndose unas capuchas, algo más gruesas para que les tapara de la lluvia.
     Caminaron con prisa bajo sus capas mientras el agua caía sobre la adoquinada calle y se metía entre los resquicios de las piedras. Hacía pocos años se arreglaron las calles para que el agua no se quedara estancada en ellas y se moviera hasta llegar al río. El invento había provenido de un profesor del gremio de construcción de la Academia . Costó mucho levantar algunas partes de las calles para elevarlas pero todos estaban de acuerdo en que había valido la pena el esfuerzo, al igual que adoquinar el suelo sin tener el problema del barro con los carros y los que caminaban. Tae miró al cielo y vio que las nubes eran muy densas, sabía que tardaría en dejar de llover y tendría que comer dentro de la sala de comidas, con lo poco que le gustaban. Cuando llegaron a la puerta de la Academia se restregaron los pies en la alfombra preparada para los días como aquellos y se despidieron hasta más tarde. Tae se reunió con Arien junto a la puerta de pociones.
- ¿Te encuentras bien?- le preguntó. Tae desvió la vista hacía el pasillo como para cerciorarse de que nadie pudiera oírla.

- Necesito que me hagas un favor. - Había estado pensando en la poca información que tenía el libro que cogió de la biblioteca y que seguro que en las dependencias de los profesores, donde tenían también una pequeña biblioteca, encontraría lo que estaba buscando. Pero el problema radicaba en que para los alumnos estaba vetada esa zona y que necesitaban un permiso especial para mirar los volúmenes que allí se guardaban. Tae no iba a preguntarle a su padre si le dejaba mirarlos porque la interrogaría por el movito de su curiosidad. Necesitaba entrar sin que nadie la viera y para eso tenía que contar con la ayuda de su amiga y crear alguna distracción que apartara a todos los profesores de la sala privada. Para ese plan Arien era perfecta porque podría confiar en ella y sabía que no diría nada. Eran muy buenas amigas pero también tendría que contarle el motivo por el que necesitaba entrar allí así que, después de darle vueltas al asunto prefirió no decirle toda la verdad y adornarla con alguna mentirijilla.