domingo, 11 de junio de 2017

Relato Part. 14: Arcuo y Seyre

    Habían varias esferas redondas de luz que emitían un suave fulgor junto a las celdas. Se acercaron a la primera puerta y la madera cedió pero no había nadie dentro. Hicieron lo mismo con las dos restantes pero ninguna de ellas albergaba al resto de los prisioneros. Arcuo no conocía a ninguno de los ibolkian presos junto a él y Seyre, porque todos eran de tribus del norte y él era del sur pero aún así eran hermanos de sangre y sintió un profundo pesar al saber que estaban todos muertos. Siguieron caminando hasta dejar atrás el pasillo de las celdas y se internaron en la más absoluta oscuridad. 
- Deberíamos volver a cojer una de las esferas de luz, - exclamó Arcuo mirando hacia atrás, donde todavía podía ver el pequeño resplandor de las esferas.
- ¿Tu no tienes esferas de luz?
- No, ¿porqué?- le dijo Arcuo sin comprender
- Las esferas sólo pueden ser tocadas por la persona que las enciende, sino se apagan.
- No lo sabía
- ¿Qué usáis vosotros para tener luz por las noches?- quiso saber Seyre 
- Antorchas o lámparas de aceite. Nosotros no sabemos como se construyen, solo lo saben los turenos. No entiendo como los ultinos las tienen.
- Si, eso es extraño. Las esferas de luz no son fáciles de construir y se necesita magia para ello. Me sorprende que los ultinos las tengan.
 - A mi me sorprende que las tengáis vosotros también.- no tenía ni idea de que los likianos tuvieran también ese tipo de conocimiento.
- ¿Te das cuenta que estamos hablando en vez de seguir adelante?- Arcuo no podía ver la cara de Seyre pero imaginó que estaba sonriendo
- Prosigamos y no te preocupes, veo algo en la oscuridad. Agarra mi camisa por detrás y ten cuidado de no tropezar.
- ¡Pero si no veo nada!- exclamó Arcuo agarrando la áspera camisa de Seyre.
- Yo si.
     Arcuo notó sus piernas cansadas por la falta de ejercicio pero aguantó mientras no dejaba de toser. No podía detenerse pero su cuerpo le decía todo lo contrario, las ansias de libertad eran más fuertes. Era un guerrero y estaba entrenado para enfrentarse a cualquier reto. El likiano seguía delante de él, pero no iba demasiado deprisa para no dejarlo atrás y aún así tampoco hubieran podido aumentar, mucho más, la velocidad. No tenían ni idea hacia donde se dirigían porque cuando los metieron allí, hacía un año, lo hicieron inconscientes.
     Sabían que estarían siendo perseguidos pero no escuchaban a nadie detrás de ellos. No encontraron a nadie custodiando la celda en la que habían estado malviviendo durante tanto tiempo. Era una buena señal, pero no quitaba el echo de que pudieran seguirlos cuando se dieran cuenta de que habían escapado. 
- El pasillo se está estrechando- exclamó Seyre - no me gusta. 
     El corazón de Arcuo latió con rapidez. En el campo de batalla sabían a quien te enfrentabas, porque lo veías venir pero ante aquella oscuridad no sabía como enfrentarse, seguía caminando detrás de Seyre, dejándose llevar por un likiano y eso le hacía parecer débil. No le gustaba esa sensación de impotencia. 
- Espera, creo que estamos ante una bifurcación-  Seyre no oía nada, ninguna pista que pudiera seguir pero en cambio sí que notó que por el pasillo izquierdo circulaba algo de aire, así que valiéndose de su instinto decidió adentrarse en él.
- ¿Estás seguro?- le dijo Arcuo casi sin aliento. Le dolía el pecho y le costaba respirar.
- No pero por aquí parece que el aire no huele tanto a humedad- Seyre le tocó el nombro para animarle. Sabía que necesitaban salir a la superficie ya, para insuflar algo de energía de las plantas de alrededor o Arcuo moriría.
     Continuaron avanzando. Arcuo tenía la sensación de que se iban adentrando cada vez más en el interior de la tierra, hacía la oscuridad, hacia la muerte. De repente chocó contra la espalda de Seyre.
- Algo no va bien. El camino parece haber cambiado. El suelo es de tierra y la pared también. No parece muy estable.- Arcuo no se había dado cuenta hasta que Seyre se lo dijo, estaba demasiado concentrado en no tropezar y respirar todo el aire posible antes del siguiente ataque de tos.
- ¿ Se podría derrumbar?- Arcuo temía la respuesta pero sabía que podía fiarse de los conocimientos de Seyre ya que él antes había sido minero.
- ¿Porqué hacer este túnel? Debe de dar a alguna parte. Este lugar no es para nada estable, y cualquier sacudida podría hacer que todo se viniera abajo.- Arcuo imaginó que habiendo sido minero Seyre habría visto algún derrumbamiento. -No hay refuerzos laterales para sujetar las paredes, no me hace ni pizca de gracia. 
Un ruido los hizo poner la piel de gallina. Venía por detrás de ellos y el ruido parecía hacerse cada vez más fuerte. Alguien los estaba siguiendo pero no parecían pisadas sino más bien algo que se deslizaba con fuerza. Seyre olisqueó el aire y entonces supo de que se trataba. El corazón se le heló del miedo.
- ¡ Un gusano de las profundidades!- grito espantado
- ¡Corre!
     El gusano de las profundidades era como un gusano corriente de campo solo que a tamaño gigantesco. Ese era el motivo por el cual las paredes y el suelo eran distintos. Debieron de haber escogido el camino de la derecha porque de alguna forma el gusano había usado el segundo túnel, y ahora se encontraban en territorio del animal. Si los pillaba se los tragaría enteros y los expulsaría por la cola, se ahogarían dentro de sus carnes. Debía de ser una de las peores muertes posibles.
Ambos compañeros corrieron por un pasillo que parecía no tener fin. Habían notado un ligero ascenso y les costó seguir avanzando tan rápido. Arcuo tenía espasmos en sus piernas y tropezó varias veces. Estaba exhausto. Pero seguían escuchando el ruido del gusano detrás de ellos y las vibraciones dentro del túnel habían provocado que pequeños trozos de tierra cayeran sobre ellos. 
     Un pequeño rayo de luz apareció frente a Seyre que se fue haciendo más grande a medida que iban corriendo y Seyre vio un agujero totalmente resplandeciente. Era la salida. Debía de ser una entrada del gusano a la superficie. Eso hizo que ambos, desesperados, dieran sus últimos fuerzas. Arcuo miró hacia atrás y vio  la cabeza del animal iluminada por los rayos de luz y empujó a Seyre por la espalda con desespero. Alcanzaron la salida justo en el momento en el que el gusano rozaba la espalda de Arcuo.
Por unos momentos se quedaron ciegos antes tanta luz. Cayeron exhaustos en el suelo y se dieron cuenta de que estaban sobre la hierba. Cuando sus ojos se acostumbraron a tanta claridad vieron que se encontraban en una pradera El aire estaba lleno de vida, los árboles, las plantas. Arcuó suspiró aliviado y miró a su compañero sonriendo.
- ¡ Qué mal aspecto tienes amigo!- exclamó Seyre exhalando una bocanada de aire fresco.
- Pues anda que tú- y ambos comenzaron a reírse, pero a Arcuo le sobrevino un espasmo y se desmayó.