viernes, 4 de agosto de 2017

Relato parte 21: Arcuo y Seyre. Los reinos Akhatiros

 
Seyre se quedó más tranquilo al ver a Arcuo en buenas manos. Parecía querer ayudar a su amigo y aquella mujer sabía lo que hacía. Le había administrado un brebaje de hierbas ayudando a mitigar del todo la fiebre y ahora descansaba. Ya no estaba en peligro. Seguía tumbado en el suelo, con la cabeza apoyada en los muslos de Dulcamara.
     A Seyre aquellas mujeres curanderas le recordaron a las de los clanes del norte, los turenos, pero ellas le contaron que eran mujeres de los Reinos de Akhatiros expulsadas de las ciudades por sus habilidades mágicas. La magia era transmitida de padres a hijos pero los habitantes del sur no poseían tales dones, o al menos era lo que ellos creían. ¿Era posible que naciera gente mágica fuera de los clanes del norte y sin padres con dones?
     Dulcamara se levantó y miró a Seyre seria. Le dijo que se acercara y tras tumbarse le colocó la cabeza de Arcuo en sus muslos. Su amigo parecía estar más tranquilo, su respiración era más pausada. Dulcamara lo miró mientras se levantaba Media algo menos que él y llevaba una túnica verde,la misma que las demás mujeres que le habían acompañado hasta donde se encontraba Arcuo. Tenía el pelo muy corto de un rubio blanquecino, un color que no había visto nunca pese a que había visto a varias turenas en su tribu, y tenia los ojos de dos colores distintos, uno era castaño claro y el otro azul veteado de tonos verdes.
- Ahora está mejor- le dijo la curandera.- Necesito ir a recolectar unas hierbas para que las tome cuando se despierte. Quédate con él mientras me ausento. Y si, algunas somos turenas pero otras son nacidas de gente de los Akhatiros. - Seyre asintió y se quedó sentado junto su amigo mientras vio desaparecer a la mujer entre la maleza. Sabía que le había leído la mente, ¿de que otra forma se dio cuenta de que él pensaba que eran turenas?
Las turenas mágicas eran mujeres que habían renegado de sus obligaciones como esposas para consagrarse a los Antiguos y a la naturaleza. Sólo ayudaban a los extranjeros cuando los Antiguos se lo pedían. Los clanes del norte les tenían mucho respeto porque se sabía que eran mujeres sabias y mágicas, pero los reinos Akhatiros renegaban de ellas por temor a lo desconocido y las repudiaban de las poblaciones si descubrían a alguna de ellas entre ellos.  Eran personas que poseían magia de forma natural. En cambio los clanes  ibolkian y likianos no tenían la capacidad de hacer magia propia sino que se ayudaban de la energía que existía a su alrededor y sólo la usaban para sanar heridas o ayudar a los cuerpos cansados. El pueblo tureno era otro clan del norte sin apenas magia pero algunas de sus mujeres nacían con un gran poder y muchas de ellas escogían marcharse del clan para vivir de forma nómada por todos los territorios. Ellas decían  que los Antiguos habían hablado con ellas y que acataban la voluntad de los divinos seres. Cuenta la leyenda que las turenas mágicas llamadas Las Mujeres de Nak eran descendientes del gran mago Turak Nak que unió a los clanes después de años de luchas entre ellos, lo que se ignoraba era porqué solo las mujeres eran capaces de tener ese poder.
- Nosotras no pertenecemos a ningún clan- dijo una voz femenina a su espalda. Seyre se giró y vio a Dulcamara acercarse hasta ellos. Andaba de forma pausada, daba la sensación de que sus pasos no tocaban el suelo. Un viento trajo esporas del árbol de Kess que se arremolinaron en torno a los pies de la mujer. Parecía que las esporas la mantenían flotando pero sabía que sus ojos le engañaban. Seyre vio que llevaba en la mano un puñado de distintos tipos de hierbas. El likiano distinguió entre ellas el regaliz, la hierba de San Juan, adormidera y la angélica, ésta ultima sabía que se trataba de una planta contra el agotamiento, machacando sus raíces o semillas pero ignoraba lo que hacían el resto, su madre sí que hubiera sabido lo que servía cada una de ellas.- voy a preparar estas plantas a mi cabaña para dárselas a tu amigo.
Seyre ignoraba que tuviera una cabaña en el bosque pero era de lógica pensarlo. ¿Dónde sino dormirían todas? Cuentos antiguos explicaban que las Nak dormían en las ramas de los árboles, como los pájaros, y volaban como ellos. Pero él había conocido a una Nak que había vivido con su clan durante un tiempo y sabía que eran todo cuentos para niños.
- Tu clan te ha inculcado una barbaridad de mitos sobre nosotras que nada tienen que ver con la realidad- sonrió Dulcamara- no es la primera vez que nos dicen que dormimos en árboles y cazamos pájaros al vuelo. Sois todos muy graciosos.
- ¡Me has leído la mente!- exclamó sorprendido Seyre.
- Es una habilidad común entre nosotras así que es mejor que no pienses muchas tonterías cuando estemos presentes.- la mujer le guiñó un ojo, se acercó hasta Arcuo y le tocó la frente, tras ver a su paciente que seguía sumido en un tranquilo sueño volvió a marcharse.
Tardó poco más de media hora trayendo consigo un bol de madera , Dulcamara despertó a Arcuo y le hizo beber, medio dormido, el líquido con el resultado de la mezcla de las plantas del bosque. El amigo de Seyre se bebió el brebaje con los ojos medio cerrados.
- Este líquido le dará fuerzas mientras duerma pero es mejor dejarlo descansar toda la noche. Si me ayudas lo llevaremos mejor a nuestra cabaña ahora que la se encuentra mejor. No quería moverlo cuando me lo trajeron Pasiflora y Salicaria, tenía que estar cerca del Gran Roble para ayudarlo a sanarse, pero ahora lo encuentro muy recuperado y en estos bosques por la noche hace mucho frío, y a las criaturas que habitan en él les gusta la sangre nueva, es mejor guarecerse en la cabaña.